Hija de Perra
Hija de perra lleva las pulsiones de lo real ( evidencias de muerte) a su extremo acusatorio, al inventario de la carencia y el desamparo ( evidencias de que lo real retorna incólume y aún más grotesco).
El paisaje urbano,»Santiago muerto», escenifica aquí el paisaje interior, desolado por la ruptura del diálogo. Entre ambos, discurre la soledad de la escritura, esa obsesión de entender y de protestar, ese puente roto sobre un mundo arruinado. Solo la violencia del poema responde por el lenguaje de las articulaciones, por la lectura del sentido, por la reafirmación de ser en contra de este estar desasido.
Confesión de una a otra confesión, estas letanías son una ceremonia de exorcismo y patetismo: el poema es el producto desollado de las disputas de la realidad antagónica y el deseo insumiso, del eros de empatía y la muerte de aridez.
La poesía transforma el mundo de las evidencias en una figura radical del desamparo, y clama y reclama por el diálogo que albergue el tributo y el sacrificio de esta sangre vertida, de este discurso purificador.
La integridad poética de Malú Urriola es el persuasivo eje de estas exploraciones. Desde su inicial sátira de la vida literaria de los poetas ( una suerte de Cats chilenos, donde la tribu gatuna baila al rock de las Piedras rodantes), hasta su estético agonista de Hija de perra ( donde el sujeto poético equivale al perro desamparado y vejado), esta obra no ha hecho sino acendrar su agudeza y reabrir las heridas que cada libro recuenta como escritura/cicatriz en el cuerpo simbólico del lenguaje/la nación/la sociedad.
Reseña por Julio Ortega


