FIN DEL
MUNDO
Instalación de luz y sonido basada en la obra de la poeta chilena Malú Urriola.
Fin del mundo es un proyecto que reflexiona sobre el vacío, el lenguaje y los modos de existencia que habitan los intervalos de la experiencia. La obra parte de la idea de que el “fin del mundo” es el acontecimiento que ocurre al final de la palabra: la pausa mínima donde el lenguaje se suspende y emerge un espacio de silencio. En ese intervalo —entre una palabra y otra — se manifiesta una presencia casi imperceptible que revela que la existencia no está solamente en los seres, sino fundamentalmente entre los seres.
El proyecto dialoga con el concepto japonés Ma (間), entendido como pausa, abertura o intervalo. En la estética japonesa, el vacío no se concibe como la simple ausencia de contenido, sino como un espacio consciente cargado de potencialidad, donde lo importante no es lo material sino aquello que aún no ha sido materializado. Su escritura combina los caracteres de puerta (門) y sol (日), evocando la imagen de la luz que atraviesa el intersticio de una puerta. Este gesto visual sintetiza la lógica del proyecto: lo que se revela no es el objeto en sí, sino la presencia sutil que emerge en el espacio intermedio.
A su vez la obra se vincula con reflexiones filosóficas sobre los distintos modos de existencia, particularmente con la noción de “existencias menores”, desarrollada a partir del pensamiento de Étienne Souriau y revisada posteriormente por David Lapoujade. Desde esta perspectiva, la realidad no está compuesta únicamente por entidades plenamente visibles o materiales; existen también formas de presencia virtuales, discretas o latentes que participan activamente en la configuración de lo real. Estas existencias menores corresponden a aquello que podría llamarse el “otro lado de las cosas”: fenómenos que no se manifiestan como objetos estables, sino como fuerzas o relaciones que modulan nuestra experiencia.
El modo de existencia de Hamlet no es el mismo que el de una raíz cuadrada, el modo de existencia del electrón no es el mismo que el de una mesa. Todos existen, pero cada uno a su manera. Recíprocamente, un ser no está consagrado a un único modo de existencia, puede existir según varios modos, y no solamente como entidad física o psíquica; puede existir como entidad espiritual, como valor, como representación, etc.
A partir de estas ideas, Fin del mundo propone una investigación artística orientada a hacer perceptible esta dimensión invisible de la existencia. La obra no busca representar el vacío, sino activar una experiencia en la que el espectador reconozca su presencia.
El proyecto se sitúa así en el umbral entre presencia y ausencia, entre lenguaje y silencio, explorando cómo el vacío puede convertirse en un espacio de resonancia donde lo visible y lo invisible se encuentran.
En este contexto, el “fin del mundo” deja de ser un punto final para convertirse en un momento de apertura. Es el instante en que la palabra se detiene y el sentido se desplaza hacia aquello que permanece sin decir. Allí, en la pausa mínima, aparece una dimensión poética donde el instante se hace infinito y el vacío se revela como una condición fundamental para la existencia.


